El revés se produjo en un momento en que Intel, el último fabricante estadounidense de chips de vanguardia, se enfrentaba a una caída de las ventas y las ganancias. En diciembre de 2024, Gelsinger, su director ejecutivo, fue obligado a abandonar la empresa.
Raimondo, preocupada por el futuro de Intel, antes de dejar su cargo envió una carta a Intel y a TSMC en la que decía que el gobierno estadounidense apoyaría su colaboración, lo que podría ayudar a Intel a sobrevivir, señalaron dos personas familiarizadas con la carta.
Luego le hizo una advertencia a su sucesor, Howard Lutnick: Intel necesitaba ayuda.
Demasiado dependiente de Taiwán
En el barrio Foxhall de Washington, junto al río Potomac, Lutnick, exoperador de bonos de Wall Street, celebró la decisión de Trump de nombrarlo secretario de Comercio en noviembre de 2024 comprando una finca estilo francés de 25 millones de dólares.
Dos meses después, recibió ahí al equipo directivo de Intel. El grupo, que incluía a Frank Yeary, presidente de la empresa, y a David Zinsner, su director financiero, buscaba ayuda para su negocio en dificultades, según tres personas familiarizadas con la reunión.
La renuencia de la industria tecnológica a adquirir más chips fabricados en Estados Unidos se perfilaba como uno de los mayores retos para Lutnick. Tendría que persuadir a los fabricantes de chips y a los clientes para que gastaran más.
El equipo de Intel dijo que esperaba separar las operaciones de fabricación de la empresa de su negocio de diseño y venta de chips. Pero la compañía necesitaba entre 50.000 y 70.000 millones de dólares y sugirió que el gobierno federal aportara unos 25.000 millones, quizá mediante un préstamo. El resto provendría de empresas tecnológicas y financieras.

Lutnick convirtió esa idea en moneda de cambio con otras empresas.
A finales de ese mes, se reunió con el director ejecutivo de TSMC, C. C. Wei, en el despacho de su empresa financiera en Nueva York, Cantor Fitzgerald, según dijeron dos personas con conocimiento de la reunión. Lutnick le dio a elegir a Wei: TSMC podía invertir en Intel y operar las fábricas de chips de Intel, o podía construir más plantas de TSMC en Estados Unidos.
Conseguir que TSMC aumentara su producción en Estados Unidos era esencial. Aunque Nvidia se había convertido en la empresa más valiosa del mundo gracias a sus chips de IA, la compañía no fabrica esos chips. Ese trabajo lo hace TSMC, principalmente en sus plantas de Taiwán.
La propuesta de Lutnick se produjo mientras Trump recibía por primera vez en la Casa Blanca a Huang, de Nvidia. En una reunión en el Despacho Oval, el presidente le dijo a Huang que planeaba imponer aranceles a los semiconductores porque fabricarlos en Taiwán era arriesgado, según dos personas familiarizadas con la reunión.
Trump le dijo a Huang que, cuando hablaba con Xi sobre la isla, la respiración del líder chino se agitaba, según una de las personas informadas sobre la conversación. Al presidente no le gustaba esa actitud. Instó a Huang a fabricar chips en Estados Unidos.

Wei y Huang, que son cercanos, hablaron sobre los dilemas que enfrentaban sus empresas, comentaron dos personas familiarizadas con sus conversaciones. Para Wei, las operaciones de Intel serían una carga. Para Huang, los aranceles perjudicarían las ganancias. Acordaron que la solución era que Nvidia adquiriera más chips fabricados en Arizona, lo que permitiría a TSMC construir plantas adicionales.
TSMC y Nvidia declinaron hacer comentarios.
Unas cuantas semanas después, Wei comunicó a Lutnick que TSMC aumentaría su inversión en Estados Unidos en 100.000 millones de dólares y construiría cuatro fábricas de chips adicionales para 2028, dos años antes de lo previsto.
‘Una cosa horrible, horrible’
Con el compromiso de TSMC asegurado, Trump aumentó la presión sobre la industria de los semiconductores.
En su discurso sobre el Estado de la Unión del año pasado dijo que la Ley CHIPS era “una cosa horrible, horrible”, e instó al Congreso a deshacerse de ella. Quería sustituir los subsidios por aranceles que pudieran penalizar a las empresas tecnológicas. Era lo opuesto al planteamiento de Biden y representó el inicio de importantes intervenciones en el mercado.
En abril, Trump anunció aranceles para todos los países. El de Taiwán era del 32 por ciento. El gobierno señaló que excluiría los semiconductores, que tendrían tasas arancelarias establecidas por separado.
Poco después, funcionarios taiwaneses visitaron Washington para averiguar cómo reducir su tasa arancelaria, afirmó un exfuncionario estadounidense que se reunió posteriormente con el grupo. Lutnick sugirió que Taiwán animara a TSMC a aumentar aún más sus inversiones en Estados Unidos o a utilizar las plantas de Intel.
La petición demostraba que Lutnick no estaba satisfecho con el compromiso de 100.000 millones de dólares de TSMC en Arizona. Su intención era presionar a la empresa para obtener concesiones adicionales.
El grupo taiwanés se negó, porque TSMC es una empresa privada. Sin embargo, ante la insistencia de Lutnick, funcionarios taiwaneses se reunieron con ejecutivos de TSMC y pidieron ayuda a la empresa, según dos personas familiarizadas con las conversaciones.
TSMC estaba dispuesta a invertir más, pero no quería tener nada que ver con Intel.
El verano pasado, el gobierno de Trump decidió intervenir directamente en el mercado de chips.
Los problemas de Intel proporcionaron una oportunidad. En julio, la compañía declaró pérdidas por 2900 millones de dólares. Entonces, el gobierno estadounidense dijo que el nuevo director ejecutivo de la empresa, Lip-Bu Tan, había dirigido anteriormente una empresa que vendió ilegalmente tecnología de chips a una universidad china con vínculos militares.
Al mes siguiente, Trump exigió la renuncia de Tan en las redes sociales, diciendo que este tenía un “gran CONFLICTO DE INTERESES”. Luego convirtió el ataque en una herramienta de negociación.
Días después, Trump se reunió con Tan y sugirió que Intel cediera a Estados Unidos el 10 por ciento de su negocio. El director ejecutivo accedió a esta petición poco convencional, aunque algunos sostuvieron que se apoyaba en bases legales endebles. Intel entregó al gobierno una participación accionaria a cambio de los 8900 millones de dólares que se le habían prometido en el marco de la Ley CHIPS.
El acuerdo ayudó a Intel a garantizar las subvenciones federales, sin tener que cumplir los criterios financieros necesarios para recibir el dinero.
La situación empresarial de Intel empeoró luego de que Samsung firmara en julio un acuerdo para fabricar chips en Taylor, Texas, para Tesla, el primer cliente de la planta. Elon Musk, director ejecutivo de Tesla, había impulsado el acuerdo tras dejar el gobierno de Trump porque le preocupaba un posible ataque contra Taiwán, según tres personas familiarizadas con la operación.
“Tal vez la gente esté subestimando algunos de los riesgos geopolíticos que en unos años serán un factor determinante”, dijo Musk más tarde en una llamada con analistas de Wall Street.
Tras la inversión del gobierno de Trump, Intel empezó a avanzar. Nvidia invirtió 5000 millones de dólares en Intel y acordó trabajar conjuntamente en chips de inteligencia artificial. Apple empezó a realizar reuniones de ingeniería que duraban todo el día con Intel para evaluar su proceso de fabricación, según tres personas familiarizadas con las conversaciones.
Sophie Metzger, vocera de Intel, dijo que la empresa se había sentido “alentada por los primeros comentarios” de clientes potenciales y que compartía el objetivo del gobierno de Trump de tener “un fabricante de semiconductores estadounidense líder”.
El verano pasado, Cook visitó el Despacho Oval y prometió invertir otros 100.000 millones de dólares en Estados Unidos, lo que supondría un apoyo para TSMC y otros fabricantes de chips. Su, de Advanced Micro Devices, y Amon, de Qualcomm, también prometieron fabricar más chips en Estados Unidos.

Lutnick está ansioso por cerrar más acuerdos. Su objetivo es que el 40 por ciento de la fabricación de semiconductores de Taiwán se realice en Estados Unidos.
En septiembre, llegó al Hotel Hay-Adams de Washington con un plan para convencer a las empresas de que hicieran más negocios con las fábricas de chips estadounidenses.
Dijo a los altos ejecutivos de las fábricas de chips, que se encontraban ahí para asistir a una reunión de la Asociación de la Industria de Semiconductores, que el gobierno quería que compraran el 50 por ciento de sus semiconductores a fábricas estadounidenses, según dijeron cuatro personas que asistieron al evento. Las empresas que no lo hicieran pagarían un arancel del 100 por ciento.
Después, Lutnick utilizó esas mismas amenazas arancelarias para presionar a Taiwán y TSMC para que invirtieran más. Llegó a un acuerdo para permitir a las empresas taiwanesas de chips evitar algunos aranceles estadounidenses, siempre que planifiquen producir en Estados Unidos.
TSMC accedió a adquirir terrenos en Phoenix para construir al menos cinco plantas más, duplicando aproximadamente las de Arizona, como parte de un compromiso de las empresas taiwanesas de semiconductores y tecnología de invertir 150.000 millones de dólares adicionales en Estados Unidos. Y Taiwán se comprometió a aportar 250.000 millones de dólares en garantías crediticias para ayudar a trasladar la fabricación de semiconductores y tecnología a Estados Unidos.
“Es indudable que ahora estamos en mejor posición que hace unos años, pero esto nunca se iba a resolver de la noche a la mañana, dado el tiempo necesario para poner en marcha las nuevas instalaciones de fabricación de chips”, dijo John Neuffer, director ejecutivo de la Asociación de la Industria de Semiconductores.

En octubre, Huang voló a Phoenix para visitar la fábrica de TSMC, que había hecho el primer chip de IA de Nvidia en Estados Unidos. Afirmó que era un “momento histórico” y un gran paso para la fabricación estadounidense.
Huang no mencionó que el chip no estaba terminado. Para convertirse en un chip de IA líder, necesitaba conectarse con otros chips. El proceso, conocido como empaquetado, requiere enviar el chip fabricado en Estados Unidos a una planta en Taiwán.
Keith Bradsher, Paul Mozur y Ana Swanson colaboraron con reportería.
Tripp Mickle informa sobre algunas de las empresas tecnológicas más grandes del mundo, como Nvidia, Google y Apple. También escribe sobre tendencias en toda la industria tecnológica, incluidos despidos y la inteligencia artificial.











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