Cobarde acto de atentado

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Por:Mayerlin Martínez

Recientemente, el periodista Higueyano Robert Antonio Guerrero Castillo, fue victima de un vil y cobarde acto de atentado, cuando personas, aún no identificadas incendiaron su vehículo parqueado en frente del apartamento donde reside en esta ciudad.

En la historia dominicana, se ha visto muchos actos de cobardía contra periodistas y comunicadores, que se quitan el bozal llamado miedo, para comunicar de manera clara, sin rodeos y sin miedo, denunciando actos ilícitos o podríamos decir a corruptos.

Lo cierto es que el oficio del periodismo corre sus riesgos cuando tocamos los tentáculos de un poder podrido o cuando se cuestiona a funcionarios o figuras que por el simple hecho de ocupar cargos públicos están sujetos a críticas y por ley obligados a informar sobre sus actividades públicas según indica la ley 200-04 sobre el libre acceso a la información pública.

Hoy fue al cole Robert Antonio, pero todos los periodistas siempre estamos expuestos, no solo a que nos amenacen o dañen alguna propiedad, estamos expuestos hasta que nos arranquen la vida, por cuestionar lo que muchos otros no se atreven.

Las autoridades deben profundizar este acto vandálico, terrorista, y dar con el cobarde culpable de este acto que reprochamos y condenamos en toda su dimensión.

Por citar un caso, de periodistas que han sido malogrados por la intolerancia y podredumbre de algunos, está el comunicador de La Romana José Silvestre, asesinado de tres disparos en el año 2011, cuyo cadáver fue botado en un terreno entre la citada ciudad y San Pedro de Macorís.

En el año 2015 fue asesinado el periodista Blas Olivo Santana, de 64 años de edad. Su cadáver fue encontrado con cuatro balazos en varias partes de su cuerpo en una finca del municipio de Piedra Blanca-Bonao.

Los casos, anteriormente citados, de otros tantos que han ocurrido, demuestran que los acéfalos quieren, con estos asesinatos, apagar las voces de los que muchas veces no tienen voz, por el simple hecho de afectar sus actos turbios y su intolerancia los lleva a “solucionar” las cosas de la forma más podrida.

La libertad de expresión y difusión del pensamiento está consagrada en la constitución dominicana y los profesionales del periodismo están avalados para ejercer este derecho con la debida formación, y nadie, absolutamente nadie puede callar o amedrentar a un profesional del oficio por su miedo a que les afecte en su oscuro accionar. Esto es simple, el que no quiera ser afectado en cosas corruptas, pues simplemente que actúe de la manera permitida.

Condenamos esta acción cobarde en contra de Robert y de todos los periodistas que han sido malogrados, hoy les ha tocado a ellos, pero mañana podemos ser cualquiera de nosotros.

El periodismo con enfoque objetivo jamás desaparecerá porque algunos así lo quieran, con estas actuaciones lo que hacen es fortalecer la actividad periodística.

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